Carta Abierta N°13 – 12/08/2026

 

Para que esto sea posible, debemos partir de un reconocimiento incómodo, pero necesario: todos estamos equivocados. Y digo “todos”, empezando por uno mismo como ciudadano, siguiendo por los autoconvocados y las organizaciones sociales y gremiales, y terminando en cada partido político que hoy se opone al gobierno.

¿Por qué todos? Porque fuimos organizados desde relaciones perversas de poder y educados en el mundo de la respuesta “científicamente desarticulada”, al servicio del mercado y alejada de la humanidad, para tener casas inteligentes en ciudades cada vez más estúpidas. Nunca nos enseñaron a preguntar de forma plena e integrada. Así nos dividieron, como hormigas rojas y negras metidas en un frasco que el poder agita a su antojo para mantenernos separados durante más de un siglo.

Sin embargo, ayer, 5 de agosto, ocurrió un hecho inédito que podría cambiar la historia de la Argentina. El gobierno de Milei y sus aliados, con un olfato de clase, percibieron el peligro y retrocedieron. Sacaron de la futura ley el tema de la extranjerización de tierras para desactivar el estallido social, pero mantuvieron el resto de los puntos para avanzar en su plan de destrucción. Con esa maniobra, evitaron que hoy estemos frente al primer Argentinazo, un estallido que prometía ser incluso superior al del 2001.

Pero no nos engañemos: aquel grito de “que se vayan todos” terminó siendo una puerta giratoria porque estábamos, y seguimos, “formateados” para pensar desde la lógica que nos impusieron. Algunos creen que se puede tener pensamiento crítico desde esta cultura contestataria e hiperfragmentada, pero es una ilusión. Se pretende cambiar contenidos sin modificar formas, y caemos en el riesgo que denunciaba Hannah Arendt: “el revolucionario más izquierdista se vuelve conservador al otro día de tomar el poder”. En este sentido, Albert Einstein ya lo advertía: los problemas profundos no se resuelven con la misma lógica con que fueron creados.

El zapatismo, en Chiapas, no cayó en la trampa de la cultura contestataria e implementó el principio de “Mandar obedeciendo”, al que yo identifico como poderinverso (ver artículo), junto al “Caminando preguntamos”, que significa transitar desde la duda plena e integrada (ver libro). Esto implica que el pueblo, con más dudas que certezas, va construyendo desde las bases, en forma horizontal y democrática, un nuevo poderinverso por fuera de las estructuras oficiales, que se ejerce desde un mandato popular. La propia Constitución Nacional, en sus artículos 39 y 40, reconoce mecanismos de participación directa mediante la iniciativa y la consulta popular para construir, impulsar y controlar democráticamente las políticas públicas de interés nacional.

El retroceso del gobierno y sus aliados de todos los colores dejó al desnudo su gran debilidad: el pánico al estallido social. Ese miedo es nuestra principal ventaja. El desafío desde hoy es contundente: pasar de la defensiva a la ofensiva estratégica. Basta de resistir sin propuesta. Salgamos de la resistencia reactiva y pasemos a la PROresistencia, para cambiar el NO defensivo por el de la razón que impone la fuerza de la calle.

Esto implica un PLAN DE EMERGENCIA NACIONAL que contemple todos los reclamos que nunca se quisieron escuchar y que incluya también el refinanciamiento social del endeudamiento personal para comprar alimentos, inducido por este gobierno inhumano. Este plan ya no es un borrador: está en las calles. Se viene esbozando en cada marcha semanal de los jubilados de Córdoba y sus contenidos completos están disponibles en www.serciudadano.com.ar, bajo el título “2026: Plan de Emergencia Nacional”.

Los jubilados nos cansamos de reclamar y denunciar a Milei. Ahora le exigimos al Congreso Nacional que apruebe la Emergencia Nacional con todos los proyectos que van naciendo de los encuentros en la plaza, junto a los reclamos de los más diversos sectores. Estos mandatos deberán ser también los programas de acción de los gobiernos de todos aquellos partidos que dicen defender las necesidades del pueblo.

La emergencia, por lo tanto, no constituye una autorización para ejercer poderes ilimitados. Es una herramienta constitucional destinada a proteger el interés general cuando los mecanismos ordinarios resultan insuficientes, y el propio Milei la utilizó a su servicio. Si este gobierno no cumple lo aprobado por el Congreso, se tendrá que ir. Porque la EMERGENCIA NACIONAL no es un grito de furia: es una escuela de ciudadanía que viene para quedarse y transformarse en un juez: aliado o verdugo del próximo gobierno.

¡¡¡OTRA ARGENTINA ESTÁ ESPERANDO; SOLO DEPENDE DE NOSOTROS!!!

Miguel Blázquez
Profesor Prohibido de la UNC por escribir www.teoriadeladuda.com

Esta entrada fue publicada en Cartas Abiertas. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *