Antes de asumir la Presidencia, Javier Milei, al no venir de la política, denunciaba a la «casta política», de la cual hoy forma parte junto a muchos de sus antiguos adversarios. También decía en voz alta algo que otros preferían callar: que «la Argentina produce alimentos para alimentar a una población diez veces superior a la propia». Sin embargo, evitaba mencionar otra realidad igualmente decisiva: la Ley de Entidades Financieras, impuesta durante la última dictadura por Martínez de Hoz, que continúa vigente. Ningún gobierno democrático se animó a reemplazarla por una legislación orientada al desarrollo productivo y al interés nacional. Mientras tanto, el sistema financiero continúa concentrando una parte creciente de la riqueza generada por el trabajo de los argentinos.
No resulta extraño, entonces, que millones de personas, agotadas por décadas de frustraciones, depositaran su esperanza en la promesa de que dentro de veinte años la Argentina sería el mejor país del mundo. Lo que nunca se explicó fue cómo se distribuiría esa riqueza ni quiénes serían realmente sus beneficiarios.
La paradoja argentina es evidente. Pocos países poseen semejante combinación de capacidades humanas, conocimiento científico, tecnología, recursos naturales y capital instalado. Miles de fábricas trabajan con una enorme capacidad ociosa o directamente han cerrado sus puertas. Sin embargo, mientras sobran recursos, también crecen la concentración de la riqueza junto a la pobreza y la exclusión social.
Por eso, desde el Foro Solidario Córdoba se dice que la única forma de salir de este laberinto electoral de puertas giratorias comenzará el día en que el pueblo decida ejercer plenamente su ciudadanía. La democracia no es depositar un voto cada cuatro años.
Desde la escuela, buena parte de la cultura y los medios de comunicación nos «modelan», desde el poder, para ser individuos competitivos y consumidores. En el dibujo se muestra cómo se construye la identidad articulando el sentir, el pensar, el hacer y el vincular. Ellas construyen el SER y el SOMOS. Las tres primeras dimensiones expresan el «ser»; la cuarta hace posible el «somos». Solo cuando ambas se integran aparece la identidad plena e integrada, junto al sujeto político capaz de ejercer ciudadanía y construir poderinverso.

Nuestra identidad no se agota en el «yo»; se completa en el «nosotros». Como afirmaba Aristóteles, el ser humano es un ser político porque solo en comunidad puede realizar plenamente su condición humana. La identidad, entonces, se construye de los pies a la cabeza.
La reducción de la ciudadanía impuesta por el poder ha debilitado nuestra capacidad de intervenir de manera permanente en la construcción del bien común. Por eso, además de movilizarnos y apoyar todas las luchas que se están dando, se hace necesario debatir en forma solidaria, horizontal y democrática nuestras verdaderas necesidades mediante Cabildos Abiertos.
El objetivo de un poderinverso es construir entre todos el Plan de Emergencia (PEN x 30), que, en la unidad sin partidismo, se convierte en un Mandato Popular que tendrá que cumplir el próximo gobierno. Ese PEN x 30 deberá expresar todos los derechos, bienes y recursos que se han perdido en este último y perverso gobierno de Milei. La Constitución Nacional legitima este reclamo, y el poder ejecutivo y el judicial tendrán que ajustarse a derecho.
¡OTRA ARGENTINA ESTÁ ESPERANDO; SOLO DEPENDE DE NOSOTROS!
Miguel Blázquez – Profesor Prohibido de la UNC por escribir www.teoriadeladuda.com